XIX. Frente a la decadencia ideologizada, la filosofía crítico-práxica.

“No hay por qué alarmarse: la capacidad crítica es capaz de todo“. Esta es la mayor de las mentiras vendidas por la contemporaneidad, emanando, además, de las bocas y bolígrafos de personas que se quieren ensalzar como elitistas de una vanguardia artístico-ideológica que jamás llega a existir. La filosofía, desde la mediocridad, es utilizada como argumento defensivo de cualquier cuestión que pueda tener una referencia medianamente sólida en la realidad. Pero no, amigos/as, no, la filosofía no es (simplemente) eso. La filosofía no es “pensar”. La filosofía no es comentar desde el aireo posmoderno que “la realidad no existe” o que “la ética es un freno al desarrollo” (frases estrella, aunque las haya de todos los colores). Eso es tontería ideologizada por la asimilación omnipresente del sistema de pensamiento en que se circunscribe la realidad y el entorno del individuo que está creyendo ser revolucionario. La filosofía, por el contrario, es algo que va mucho más allá: es nada menos que la clarificación lógica del pensamiento aplicada a la transformación de las condiciones físicas de existencia de las personas que conforman una determinada sociedad.

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