XXI. ¿Muy rápido hacia ninguna parte?

Hoy se habla mucho de política sin hablar previamente de filosofía y economía. Esto es un error, simplemente, de orden. No pasa nada. Mi idea de lo que hay que hacer es lo siguiente: primero analizamos al ser humano como prototipo individual y después analizamos a la suma de ellos, es decir, procedemos a partir de un método inductivo: debemos de analizar lo particular para poder extraer conclusiones generales de calidad. Mi modelo está justificado en un único y muy claro argumento: existen las divergencias (en el espacio, en la producción, en la cultura, etc.) y, por tanto, no podemos hablar de una capa global que recubre el mundo y, bajo ella, a personas, sino que debemos de proceder teniendo en cuenta que no partimos de las mismas bases en unos contextos que en otros. Unas personas tienen unos problemas que resolver mientras que otras, por su parte, otros muy diferentes, y debemos de adaptar nuestros análisis a tales diferencias, generalmente, originadas desde las condiciones materiales de existencia. Sea cual sea el caso, debatir sobre si es “mejor” el capitalismo, el socialismo, el comunismo, el anarquismo o el nuevo -ismo político de turno (por citar a los habituales) es errar desde el principio. Las personas vivimos gracias a otras personas, con las que compartimos recursos y damos significado y valor a objetos de intercambio que posibilitan que la vida sea más fácil mientras no nos masacramos por malentendidos. La política es necesaria para regir la vida a partir de eso, pero no previamente a eso: primero debemos de configurarnos como individuos libres y después debemos de integrarnos a los proyectos que vamos direccionando como mundo en vías de desarrollo. Porque no hay que pensar en regiones, países o continentes, sino en la raza humana como sujeto director del planeta Tierra. Debemos de ejercer un liderazgo ético sobre nuestro mundo teniendo en cuenta que, por cada problema, debe de haber una solución concreta y práxica que abogue por el desarrollo de la vida en pleno sentido. No somos meros animales, como muchos creen saber a ciencia cierta: somos animales capaces de decidir ser excelentes o no. Somos excelentes o no en dependencia de si luchamos por un mundo libre o no, entendiendo la libertad como lucha por nuestro propio proyecto y por el futuro del planeta que habitamos. En el fondo, no somos más que energía y materia dotada de forma en un determinado planeta de un determinado sistema de una determinada galaxia. ¿Qué sentido va a tener todo esto si no es el que nosotros mismos elegimos desde la creatividad? Debemos de hacer crecer mucho la filosofía crítica, la economía circular y la tecnología ética. Si logramos esto, lograremos ese progreso histórico que algunos tachan de imposible. Y qué bien les estará.

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