XXIII. ¿Pensar a corto plazo o pensar en trascender?

El orden y la matemática son a la victoria lo que el caos y la necesidad a la derrota. Se ha creado la errónea tendencia a pensar que la libertad está en las segundas variables y no en las primeras. El desarrollo del ser humano se basa en la capacidad de no ir en contra de sí mismo.

Normalmente, el discurso líquido actual (sí, el del S. XXI) del “quizá no exista un mañana” es uno de los más potentes modeladores conductuales para quienes no están vacunados contra la feroz enfermedad de la ignorancia. Es muy fácil vender el “hoy” a quien no llega ni siquiera al “ayer”, y me explico: el cortoplacismo es una de las grandes tragedias (o espejo de necesidades) de nuestra contemporaneidad, pues convierte al ser humano en esclavo del tiempo y no al revés, lo que equivale a una carencia casi total y absoluta de libertad. Es aquí donde tenemos que ser críticos: sabemos perfectamente que todo esto es una gestalt cultural (de un profundo calado subconsciente, por cierto) perfectamente definida y direccionada, pero… ¿quién reacciona de verdad hacia este poder? ¿quienes son los verdaderos revolucionarios (y no los enmascarados) hoy? La persona que de verdad quiera ser libre tendrá que luchar contra la realidad a sangre y fuego todos y cada uno de los días de su vida. Esto es nadar contracorriente, lo que también está pre-condicionado negativamente por el paradigma del que hablamos (pues la principal característica de las sociedades post-ideológicas es la de la búsqueda de la teatralización del propio placer frente a la humildad, el trabajo y/o la inteligencia). No podemos depender de las necesidades que, desde el exterior, se nos impongan día tras día desde la apariencia de facilidad. Tenemos, por el contrario, que encontrar el gran rumbo de nuestra existencia y trabajar por él sin titubeos: 1) porque es lo que nos merecemos, y 2) porque es ejemplar para quienes aún no lo están haciendo.

El ser humano es un constructo excelente si aprende a ser independiente respecto de la cultura o el contexto (geográfico, histórico, social, ideológico…) dominante. La pregunta es: ¿dejarse llevar (a través de nuestros propios impulsos de autodestrucción para sanarnos en substancias exteriores de las que pasamos a depender) y ya está… o dirigir la libertad en pro de la optimización así del propio proyecto vital como de nuestra sociedad?

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