XXVI. ¿Puede ser pensar críticamente sinónimo de amar la existencia?

Claro: el corazón debe de pasar a latir en el cerebro. La vida, a partir del perspectivismo, toma óptica propia: tú percibes a tu modo y, por ende, debes de construir a tu modo. Es justo aquí donde es preciso explicar que la ópera nietzscheana, en su conjunto, no es más que un cúmulo de textos que aglutinan un sentimiento único: el de darle la vuelta al nihilismo para convertirlo en optimismo.

Claro que es doloroso destruir, pero es necesario para avanzar (dado que destruyendo se construye el espacio suficiente y requerido para nuevos modelos del tipo que sean). Es muy útil y conveniente leer a Nietzsche desde cualquier óptica de la que se espere crear: o bien pensamiento crítico o bien amor (o bien ambas). Tienes que saber aceptar la vida en todas sus dimensiones y hacer de ella una tragedia, entendiendo ésta como perfección formal: algo que, independientemente de ser “bueno” o “malo”, sea bello. La vida tiene la cuasiobligación de ser percibida como estética: el animal tiene su evolución lógica en el ser emocional, y éste a su vez en el… ¿racional? No, ni Nietzsche ni yo estamos tan de acuerdo con esto. Del ser emocional se debe de pasar al ser creativo. Destruir y construir, y viceversa. Ese es el cambio y ese es el estadio y el modo en el que se sucede la vida. El gran secreto es no resistirse al cambio que lógicamente se va a dar, sino una de dos: o bien aceptarlo o bien transformarlo gracias a esa fuerza que tienes dentro y es urgente, en momentos, sacar (“potencia”).

Han sido muchos los que han leído e interpretado a este filósofo postromántico y, de manera natural, cada cual mantiene su óptica respecto de él. No hay una interpretación definitiva: es, propiamente, la filosofía, ese músculo de Sísifo que se encarga de intentar buscarla por todos los lados aun a sabiendas de que o bien es inexistente o bien incognoscible. Ojo, es más, si se pudiese conocer la interpretación definitiva de todo dejaríamos de ser humanos para pasar a ser dioses. Una condición de los dioses es la infinitud. Si nos convirtiésemos en dioses pensaríamos pues de otra manera: pasaríamos a una liga en la que también el ser se pregunta sobre sí mismo. El Dios al que Nietzsche pretende matar no es más que un ser pensante también. Si fuésemos infinitos no podríamos morir. ¿Pensaríamos igual?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *